El murciano arrolla a Grigor Dimitrov con una autoridad pasmosa para citarse con Holger Rune en cuartos, mientras el mundo del tenis debate si el duopolio con Sinner necesita un tercer protagonista.
Carlos Alcaraz saltó a la pista central del Masters 1.000 de París sin conceder ni un segundo de tanteo. Con el acelerador pisado a fondo, el murciano se transformó en un vendaval que, antes de que Grigor Dimitrov pudiera siquiera acomodarse, ya reflejaba un contundente 3-0 en el marcador con dos roturas de servicio en el bolsillo. Aquel inicio estruendoso del pupilo de Juan Carlos Ferrero dictó la sentencia de un encuentro que, sobre el papel, prometía mayor igualdad, pero que acabó jugándose como si la pista estuviera inclinada hacia un solo lado.
El resultado final, un comodísimo 6-1 y 6-3 en apenas 71 minutos, certifica el pase a cuartos de final y deja una sensación inmejorable: Alcaraz brilló mucho más fino que en su debut ante Nishioka. Frente a él, Dimitrov simplemente dimitió. Queda la duda de si el búlgaro salió derrotado del vestuario o si el empuje inicial del español lo desarmó moralmente, pero lo cierto es que al ex número tres del mundo —que venía de ser semifinalista en Viena— le queda ya muy lejos su mejor versión. El partido tuvo una única dirección y el de El Palmar se llevó por delante la tímida propuesta de su rival.
Un dominio táctico abrumador
La superioridad de Carlitos no se basó solo en la potencia, sino en una habilidad desarmante para voltear los intercambios. Poco a poco, transformaba defensas agónicas en contragolpes letales que pillaban a Dimitrov totalmente descubierto. Esa fue la tónica de las primeras roturas y del resto del choque: en cuanto el búlgaro no lograba definir rápido, caía en la telaraña. El dato es demoledor: de los 33 puntos que se disputaron a más de cuatro golpes, Alcaraz se embolsó 27.
Hubo un amago de reacción, casi un espejismo, al inicio del segundo set. Dimitrov pareció encontrar una pequeña ventana por la que colarse en el partido, llegando a disponer de una bola de break y, más tarde, de un 15-40. Fue el único tramo, no más de diez minutos, en el que el búlgaro pareció llevar la voz cantante. Sin embargo, Alcaraz disipó las dudas con la contundencia de los elegidos: salvó la situación, su derecha dejó de perdonar y Dimitrov, inconsistente toda la tarde, bajó definitivamente los brazos. Tan sobrado de confianza se vio al murciano que incluso se quitó el vendaje de la rodilla izquierda en mitad del encuentro; ni molestias ni precauciones, solo tenis total.
Horizonte despejado y la lucha por el número uno
Difícilmente podría haber pedido Alcaraz un estreno más plácido en París-Bercy, con dos partidos resueltos por la vía rápida. Además, el escenario se le pone de cara: las derrotas de Rafa Nadal y Casper Ruud allanan su camino para cerrar la temporada en lo más alto del ranking. Pero antes, para asegurar el número uno, debe seguir ganando en la capital francesa. En cuartos le espera Holger Rune, otro “niño maravilla” de su misma generación (2003), que llega en una trayectoria claramente ascendente tras tumbar a Rublev y encadenar tres finales consecutivas en pista cubierta.
El debate sobre la nueva era del tenis
Más allá de lo que ocurre en la pista parisina, la figura de Alcaraz trasciende el torneo. Junto a Jannik Sinner, el español ha instaurado un dominio férreo en el circuito ATP. Ambos se han repartido los últimos ocho grandes títulos y han protagonizado duelos de infarto en las rondas finales de los Grand Slams, incluyendo esa batalla en Roland Garros que muchos ya catalogan como histórica. Son, indiscutiblemente, los dos mejores tenistas del momento.
Sin embargo, no todos ven este duopolio como la situación ideal. Anna Chakvetadze, ex número cinco del mundo, ha puesto el dedo en la llaga al señalar que a esta rivalidad le falta una pieza. Aunque reconoce la determinación y el nivel de ambos, la rusa sostiene que para recrear la mística que en su día tuvieron Federer, Nadal y Djokovic, hace falta un tercer elemento en discordia.
“Creo que todo el mundo puede ver lo decididos que están tanto Alcaraz como Sinner. Ahora mismo tienen una rivalidad real, muy parecida en sensaciones a lo que vimos una vez con el ‘Big Three’, pero falta alguien más”, comentaba Chakvetadze recientemente. Mientras el circuito busca a ese tercer protagonista que complete el triángulo, Alcaraz sigue a lo suyo: ganando, convenciendo y demostrando en París que, hoy por hoy, juega en otra liga.
You may also like
-
De un barrio de Londres a la élite de la vela: la increíble historia de Kai Hockley
-
Zverev alcanza las semifinales en Toronto tras una victoria marcada por una interrupción polémica
-
El Barcelona recibirá una compensación económica por la lesión de Araujo con Uruguay
-
Atlético de Madrid se impone con autoridad y hunde más al Sevilla
-
Rune elimina a Alcaraz en París-Bercy tras una dura batalla marcada por una lesión