El Open de Australia 2026 ya está aquí y el cuadro promete una quincena de emociones fuertes en Melbourne. Novak Djokovic regresa a su feudo predilecto persiguiendo un histórico 25º Grand Slam, buscando su primer “major” desde 2023 tras caer en cuatro semifinales consecutivas durante 2025. Sin embargo, el camino hacia la gloria no se presenta sencillo: la amenaza del “Nuevo Dúo” formado por Carlos Alcaraz y Jannik Sinner se suma a una inesperada preocupación por su estado físico que ha encendido las alarmas en las últimas horas.
Alarma en los entrenamientos en Melbourne Park
La preparación del serbio sufrió un revés inesperado este 14 de enero. Tras una primera sesión de entrenamiento con el número 19 del mundo, Jiri Lehecka —quien ya fue su rival en la cuarta ronda del año pasado—, Djokovic regresó a la pista número 10 alrededor de las cinco de la tarde para una segunda práctica. Fue entonces cuando el ambiente cambió drásticamente.
La sesión apenas duró 12 minutos y captó la atención de todos por las razones equivocadas. El de Belgrado pasó la mayor parte de ese breve lapso recibiendo tratamiento de su fisioterapeuta, quien trabajó intensamente en su cuello, presionando con los nudillos e incluso el pulgar profundamente en el músculo. Aunque el tenista mostró poca reacción visible, la incomodidad era palpable. Djokovic había tomado las precauciones necesarias evitando torneos previos para no forzar la maquinaria, pero estas imágenes siembran dudas sobre su condición real de cara al debut.
Un sorteo sin tregua: el camino hacia la final
El sorteo realizado este jueves ha definido la hoja de ruta para la reconquista de Melbourne. El debut será ante el español Pedro Martínez, un enfrentamiento que, a priori, se decanta claramente a favor del balcánico. La falta de experiencia de Martínez en estas pistas y la ausencia de duelos previos convierten el choque en una montaña difícil de escalar para el español, especialmente ante la inmensa experiencia de ‘Nole’ en la Rod Laver Arena.
Si supera el estreno, le esperaría el francés Terence Atmane o un jugador procedente de la fase previa. Atmane, semifinalista en el Open de Canadá de 2025, viene haciendo ruido en pista dura, pero la jerarquía de Djokovic en este escenario suele ser determinante. No obstante, las curvas peligrosas podrían llegar pronto. En tercera ronda asoma el veterano Roberto Bautista Agut, un luchador nato que, pese a tener un balance desfavorable de 3-9 contra el serbio, ya demostró en Cincinnati 2020 su capacidad para llevar los puntos al límite.
La exigencia subirá vertiginosamente en la segunda semana. En octavos podría reaparecer el joven Jakub Mensik, verdugo de Djokovic en Miami 2025, o el polaco Hubert Hurkacz, cuyo servicio es un arma letal en estas superficies rápidas. Los cuartos de final proyectan duelos ante Taylor Fritz, Lorenzo Musetti o Jiri Lehecka. Aunque Djokovic domina el cara a cara con Fritz (11-0) y Musetti, la velocidad de bola de Lehecka siempre exige la mejor versión defensiva del ex número uno.
La tormenta perfecta llegaría en semifinales, donde Jannik Sinner se perfila como el gran obstáculo. La rivalidad reciente favorece al italiano (6-4), quien ya le venció en las semifinales de este mismo torneo en 2024. Si logra sobrevivir a ese cruce, la gran final podría deparar un nuevo clásico contra Carlos Alcaraz, Alexander Zverev o el ídolo local Alex de Miñaur.
El espejo de la solidez: el recuerdo de Tel Aviv
Para entender el nivel de excelencia que Djokovic necesita recuperar en este 2026, basta con echar la vista atrás a momentos de dominio absoluto, como su paso por el torneo de Tel Aviv hace unos años. En aquella ocasión, el serbio dio una clase magistral de eficiencia al imponerse al croata Marin Cilic por 6-3 y 6-4, levantando el título sin ceder su saque en todo el torneo.
Aquel Djokovic, robótico y preciso, tardó apenas una hora y 34 minutos en sellar la victoria, elevando en ese momento su palmarés a 89 trofeos y sumando su tercer título de aquella temporada tras Roma y Wimbledon. Mostró una diferencia abismal frente a un rival de la talla de Cilic, a quien venció por decimonovena vez en veintiún enfrentamientos, dejándole sin opciones y prolongando la sequía del croata en aquel 2022.
Esa versión inexpugnable es la que el serbio necesita invocar ahora. Tras aquella victoria en Israel, Djokovic puso rumbo al torneo de Astana para citarse con un jovencísimo Carlos Alcaraz, quien por entonces ya se consolidaba como número uno del mundo. Hoy, años después, esa rivalidad ha madurado hasta convertirse en el eje central del circuito. La incógnita reside en si el cuerpo de Djokovic le permitirá desplegar ese tenis sin fisuras que le llevó a reinar en Tel Aviv y que ahora necesita desesperadamente para frenar el empuje de las nuevas generaciones en Australia.
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