Las aguas de Portimão no se lo pusieron fácil a nadie. Del 16 al 23 de mayo, el Campeonato de Europa de windsurf se convirtió en un auténtico quebradero de cabeza físico y mental, marcado por vientos erráticos y mareas traicioneras que sacaron de quicio a más de un competidor y entrenador. Sin embargo, en medio de ese caos meteorológico, el equipo femenino de Israel volvió a pasar el rodillo. Tamar Steinberg se colgó el oro y su compañera Shahar Tibi la plata, un doblete que reafirma el músculo competitivo de uno de los programas olímpicos más potentes del país. Daniela Peleg, por su parte, se quedó a un suspiro del podio, firmando un cuarto puesto justo por detrás de la española Pilar Lamadrid.
Lo de Steinberg no es casualidad, sino la consolidación de una realidad. Con apenas 19 años, la regatista ya suma su segundo metal dorado de la temporada tras arrasar el pasado abril en la Copa del Mundo de Hyères, en Francia. Durante la rueda de prensa, se la veía con las ideas muy claras, admitiendo que llevaba meses sintiéndose en un estado de forma envidiable. “Hasta ahora solía ser la eterna subcampeona, pero ya quería ganar una de las competiciones grandes”, confesaba con la sinceridad de quien sabe lo que vale. Curiosamente, reconoció no haber tenido su mejor día en el agua durante la jornada decisiva, pero tiró de oficio y pura concentración para sacar la prueba adelante. Su motivación trasciende lo deportivo, adquiriendo un tinte casi de deber cívico: “Siento que tengo que ser la mejor en esta época; mientras otros luchan por el país como soldados, mi papel es ser una atleta de élite”.
El oro europeo es solo una parada técnica. El objetivo real, el que dicta sus madrugones, es la cita olímpica de Los Ángeles 2028. Steinberg quiere llegar a California como la candidata indiscutible al título, aunque sabe de sobra que el enemigo lo tiene en casa. Cumple su cuarto año en la categoría absoluta y la competencia interna por el billete olímpico es sencillamente brutal. “Somos cuatro chicas fantásticas, cualquiera es favorita”, apuntó la joven campeona. Ese nivel de exigencia es precisamente lo que retroalimenta el éxito del equipo. Shahar Zubari, el seleccionador nacional, no escatimó en elogios hacia su pupila, destacando su compromiso ciego con el proceso: “Tamar hace que parezca fácil, pero hay muchísimo trabajo detrás”. El técnico celebró el hito de haber colado a tres de sus chicas entre las seis mejores del continente, respaldadas por una federación volcada en el proyecto.
La maquinaria israelí de vela funciona a pleno rendimiento desde hace cuatro años, cuando se implantó el nuevo modelo de la disciplina. Shai Buber, presidente de la Asociación de Vela, no tiene reparos en afirmar que poseen el mejor equipo del mundo, aunque no pierden de vista a potencias emergentes como China que vienen pisando fuerte. Toda la inversión económica e institucional queda justificada con estos resultados. Y la armada masculina tampoco se queda atrás; aunque no tocaron chapa en Portugal, Tom Reuveny y Yoav Omer firmaron un cuarto y quinto puesto muy serios. Cabe recordar que el propio Reuveny viene de tocar el cielo en los Juegos de París 2024, sumándose a la exclusivísima lista de oros olímpicos israelíes junto al histórico regatista Gal Friedman (Atenas 2004) y los gimnastas Artem Dolgopyat y Linoy Ashram (Tokio 2020).
Como era de esperar, la exhibición en el Atlántico portugués resonó de inmediato en las altas esferas del país. El Ministerio de Exteriores sacó pecho en la red social X destacando cómo el podio volvía a demostrar la fuerza de Israel en el escenario global. El mismísimo presidente, Isaac Herzog, se sumó a primera hora a las felicitaciones con un mensaje muy personal dirigido a las atletas y a su entrenador. Alabó el “espíritu” del equipo y agradeció el inmenso honor que aportan al Estado de Israel. Al final, lo que quedó claro en Portimão no fueron solo los metales, sino la certeza de que este equipo ha encontrado la fórmula para mantener el rumbo fijo, sople el viento que sople.