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Brasil Beach Search

Windsurfesp

La costa de Brasil se ha convertido en la nueva Shangri-la de multitud de windsurfistas y kiters de todo el mundo que buscan viento y olas para sacarle el jugo a su deporte convertido en forma de vida. Y así nació la idea de presentar este paraíso al mundo entero, y desde el epicentro del Club Ventos iniciar una búsqueda de los mejores spots de uno de los litorales más ventosos del mundo. Y así empieza esta historia, este sueño... el Club Ventos Brasil Beach Search

Descolgar el teléfono y que te digan que prepares el equipaje para volar a Brasil es una grata sorpresa. Pero que además te comuniquen que el plan es recorrer en buggy los trescientos y pico kilómetros de playas que coronan el Noreste del estado de Ceará entre Fortaleza y Jericoacoara, en compañía de los algunos de los mejores windsurfistas del mundo, no me negaréis que no es una pasada. Este era el arriesgado proyecto de Fabio Nobre, manager del Club Ventos de Jeri, con la intención de descubrir el spot perfecto para establecer un nuevo centro de referencia en esta paradisiaca e interminable costa.

Los ingredientes para el éxito de la “misión” eran por supuesto de lo más selecto (modestia aparte):
- Trece Riders: Kauli Seadi (Brasil), Kevin Pritchard (EEUU), Marcilio Browne (Brasil), Baptiste Gossein (Francia), Robby Swift (Inglaterra), André Paskowski (Alemania), Normen Günzlein (Alemania), Emma Johanson (Suecia), Ian Mouro (Brasil), Anna Jonsson (Suecia), Ivana Farias (Brasil), Vicky Sánchez (España) y Levi Lenz (Brasil).
- Seis periodistas de las más prestigiosas revistas de windsurf del planeta: Arnaud Deschamps (Francia), Gary Crossley (Inglaterra), Josh Sampiero (EEUU), Alexander Lehmman (Alemania), Mart Kuperij (Holanda) y un servidor.
- Un fotógrafo, Julian Shlooser (Francia), y un cámara de vídeo, “Queiho” (Brasil).
- Un director, Fabio Nobre (Brasil), y un realizador, Peter Svensson (Suecia).
- Siete buggys con guía-conductor, cinco pickups para el material, un helicóptero y un jetsky.
- Unos buenos sponsors: TAP, Turismo de Ceará, Club Ventos, Sebrae y Vela Windsurf Resorts.

En total, treinta y seis personas, diez días, trescientos kilómetros a recorrer por la playa, en un plan casi de “reality show”, con convivencia veinticuatro horas y un plan muy claro: desayunar, conducir, navegar, almorzar, navegar, conducir, cenar, dormir, desayunar... Todo comenzó un cinco de diciembre, a las siete de la mañana, tras haberme acostado la noche anterior a las dos justo después de que la compañía aérea portuguesa TAP, la opción mas rápida y económica de llegar para los europeos, me depositase en Fortaleza vía Lisboa. Y es que Daniel, de la agencia de viajes para windsurfistas y kiters MuchoViento.com, había calculado las conexiones al minuto. Pero cuando ya estaba preparándome mentalmente para ir a dormir, inesperados trámites aduaneros brasileños retrasaron mi llegada al Hotel Marina Park de Fortaleza. Y la cita era al día siguiente a las siete de la mañana. Así que acostarse y levantarse fue un todo en uno.

Desayunar con presentaciones incluidas y partir en caravana hacia las playas de Pacheco y Tabuba fue un verdadero prodigio de organización y coordinación, sobre todo para acoplar todos los equipos en los pickups de la expedición. Más de 20 boardbags, otros tantos de mástiles y botavaras y el equipaje personal de toda la tropa. Hora y media para colocarlo todo. Lo único que no se puede organizar, falló: el viento no nos acompañó en la primera ni en varias de las jornadas del viaje, algo habitual en este tipo de eventos; un alto en las dunas de Tabuba nos daba ideas para no aburrirse los días de calma; el sandboarding. Continuamos pues hacia la playa más conocida por los kiters que visitan esta zona, Cumbuco, que aunque desierta por la falta de viento sí dejaba mostrar sus enormes posibilidades. Paracambuca, Cauipe y Pecem pasaron ante nuestros ojos, que empezaban a habituarse al fuerte resplandor de las blanquísimas arenas de sus playas y al aire caliente, que viajando en buggy se multiplica por diez, achicharrándote todo el cuerpo.

Taiba, jalonado de pequeños clubs y barracas, como el Neptuno, donde comer y alojarse, sería nuestra primera parada para reponer fuerzas y navegar. El plan era un “downwind” hasta Paracuru, dejando a sotavento la playa de Pericuara, donde pasaríamos la noche. Pero una vez más Eolo nos la jugaba: la travesía de treinta minutos se convertía en una sesión de equilibrio de dos horas treinta minutos sobre ochenta litros de tabla. Llegamos agotados al Hotel Vento Brasil, cenamos en la pizzería vecina y a dormir.

Un nuevo amanecer nos reveló un magnifico día de olas pero sin viento, lo que aprovechamos para una sesión de surf matinal al sur de Paracuru. Buenas olas de dos metros para deleite de Kauli (campeón del mundo PWA de wave) y Marcilio (campeón del mundo PWA de freestyle y excelente surfista). Para entonces Marcilio ya nos indicaba que sólo más al norte encontraríamos buen viento. Desayuno en la piscina y de nuevo a cabalgar dunas en buggy rumbo Norte.
Después de unas cuatro agotadoras horas de subir y bajar dunas, llegamos a la preciosa bahía de Lagoinha, enclave turístico con hotel balneario incluido donde reponer fuerzas con un suculento almuerzo de platos típicos. De nuevo al “carro”, pero esta vez con varias caipiriñas de postre que provocaron el plante de los guías, mosqueados cuando la organización sugirió que los windsurfistas se hicieran cargo del volante con el consiguiente espectáculo de derrapes, adelantamientos suicidas de Paskowski e intentos de ponerlos a dos ruedas del freestyler Marcilio Browne. Para los guías, sus buggys son más valiosos que sus mujeres y no les hizo mucha gracia verlos en manos extrañas.
Al final reconciliación y vuelta a la carretera... perdón, a la playa. Guajiru, Frecheiras y ya anochecido, Mundaú. Habíamos subido dunas, bajado otras de hasta cuarenta y cinco grados, cruzado ríos, reparado pinchazos y tomado más sol que en toda una vida. La helada piscina del hotel Pousada das Mares de Mundaú nos reunió a todos, polvorientos y exhaustos hasta la cena.

Un nuevo día, desayuno a bordo de una barcaza por el rio Mundaú y de otra vez a lomos de la amarilla montura que nos llevaría esta vez a Icaraizinho, dada la falta de aire en movimiento, pero siempre con la imperturbable dirección del polo magnético -¡ que poético!-. Asistir a una regata de Jangadas (barcas de pesca), con sus velas cangrejas multicolor en Balea, también tiene su poesía. Llegar a Icaraizinho nos anima un poco la moral de windsurfistas, ya que el spot promete y Marcilio nos ha dado esperanzas de viento para el día siguiente. Por sorpresa, Eolo aparece esa tarde y comienza una de las sesiones de freestyle más alucinantes de cuantas he visto, ya que el nivel y las ganas de navegar tras los días de calma se hacen notar. Kauli se revela como un competidor capaz de desbancar a la mayoría de los freestylers aunque no sea su especialidad. Pasko y Normen demuestran su altura y sus títulos de campeón y subcampeón de Europa (EFPT) les sitúa en la élite mundial; de las chicas sorprenden Vicky por su consistencia y Anna por su coraje intentando lo imposible. Un recital que espero se refleje en el vídeo “Club Ventos Beach Search” que se está rodando durante la expedición.

Decididos a no dejar pasar esta racha de buen viento, prolongamos nuestra estancia en Icaraizinho dos días más a fin de exprimir este spot lleno de posibilidades y buenas olas. También estos días de convivencia nos brindaron la ocasión de conocernos mejor, revelando a un Robby Swift políglota (seis idiomas) que usa una twin fin como tabla de olas por su mayor loose aunque sea más lenta; Levi Lenz como guitarrista y cantante; Kevin tímido y callado, Baptiste y Arnaud magníficos futbolistas en el partido “Brasil contra o Mundo” que por supuesto ganaron los locales, pero sólo por 1-0; y nuestro guía Marcelo como un excelente amigo.

Icaraizinho es un pequeño poblado de pescadores recogido en una bahía de fina arena. Al sur de la misma, un bajo rocoso proporciona una buena rompiente cuando el swell del Atlántico se hace notar. El viento suele comenzar al mediodía, aguantando hasta el anochecer, permite ceñir sin muchos problemas, de un bordo hasta la rompiente. Sólo hay que extremar las precauciones al surfear entre los palos, restos de antiguos cercos de pescadores, que se yerguen a ras de agua y que al atardecer, con el sol poniente de cara, parecen emerger a nuestro paso. Probablemente en un futuro próximo serán eliminados por el bien de los que allí naveguen. Su versatilidad como multiusos para windsurf y kite, hace de Icaraizinho uno de los futuros lugares de referencia en el listado mundial de los destinos de turismo “wind and waves”. Me gustara volver dentro de unos años para comprobar si su segura explotación ha sido coherente y respetuosa con lo que he visto y fotografiado en este viaje.

Tres días en Icaraizinho y partimos para el destino de nuestro periplo, Jericoacoara, sede del Club Ventos. Esta vez partimos hacia el interior a fin de evitar la monotonía y poder vadear mejor los ríos que nos separaban del final del viaje.

Cambiar un poco el paisaje de playa, palmeral, jangadas (barcas de pesca a vela) y dunas, por el interior, nos dio otra visión de la región de Ceará. Selvas, ríos que cruzar en minúsculas balsas, atascos en fangosas pozas de agua maloliente, paisajes indescriptibles por su belleza y poblados llenos de niños que corren al paso de los coches, nos mostraban una porción del Brasil que tanto tiene por desarrollar; aunque eso sí, el gobierno de Lula ha llevado la electricidad y la tele a todos los rincones del país. A media mañana, la blanca duna de Jeri nos anunciaba que nuestros doloridos riñones iban a dejar de sufrir por los traqueteos de casi trescientos cincuenta kilómetros de buggy.

Una suculenta comida nos daba la bienvenida al Club Ventos de Jericoacoara, pionero como destino windsurfista del norte de Brasil gracias a su fundador Fabio Nobre, verdadero artífice del Jeri que hoy conoce todo el mundo. Una pequeña aldea convertida en centro turístico en menos de quince años, con calles de arena y electricidad soterrada para no afear estéticamente (un detalle a tener en cuenta por muchos ayuntamientos de nuestro país). Restaurantes , tiendas y bares llenan sus calles; “pousadas” y hoteles, como el Mosquito Blue que nos alojaba, ofrecen todo tipo de servicios y precios y una marchita tranquila y muy auténtica surge todas las noches tras los combates de capoheira en la playa al anochecer. Como spot de windsurf es cómodo y con una ola suave side onshore, ideal para iniciarse en el surf. Para los más avanzados, upwind está tu lugar, con olas más grandes y formadas y viento side on side.

Datos útiles
Cómo llegar:
TAP vuela de Lisboa a Fortaleza. Lo más practico es ponerse en manos de la agencia de viajes de wind y kite en la red que mejor conoce la zona (MuchoViento.com).
La comida: es sencilla pero buena: pescado y carne (churrasco); fruta de todo tipo, abundante y barata. El agua, mejor de botella, y al loro con las caipirinhas, que entran fácil y se quedan dentro.
Moneda: Real brasileño (1 Euro = 2’56573 BRL / 1 BRL = 0’389753 Euro).

agradecimientos
A TAP, por facilitar la conexión vía Lisboa, a Mucho Viento, por la organización del traslado, y a ClubVentos, por la estancia, la aventura y los magníficos momentos de camaradería, navegación y convivencia, pese al traqueteo duna arriba duna abajo.


 



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